Eleuterio Fernández Huidobro, una vida entre el amor y el odio.

Murió un referente. Y su velorio y sepelio, como su vida, fueron una contribución a la polémica permanente.
Fue el velorio de un tupamaro: dirigente y fundador, rehén de la dictadura, ideólogo, escritor, periodista, político, senador, ministro… Guerrillero velado en el Salón de Honor del Ministerio de Defensa Nacional, rodeado de amigos, militares uniformados, dirigentes de izquierda y de la oposición y ministros de gobierno. El presidente y el vicepresidente de la República. El ataúd cubierto por el Pabellón Nacional, adelante la bandera tupamara y, más adelante, la bandera de Peñarol, llevada al Ministerio por el presidente del club, José Pedro Damiani.

Lo enterraron con la bufanda de Carlos Mara y una botella de Espinillar, “para que te lleves y brindes allá”, según dijo Roberto Caballero. Tanto Mara como Caballero más que sus secretarios personales eran sus “colaboradores”, como Fernández Huidobro solía denominarlos.
Fue uno de los dirigentes más lúcidos de la izquierda radical y, durante los últimos tiempos, criticado y duramente cuestionado por los dirigentes más radicales de esa izquierda, así como también fue criticado por distintos representantes de organismos de Derechos Humanos.
En una época fue el componedor por excelencia dentro del MLN-T, llamado a arreglar todos los problemas, todas las contradicciones: políticas o entre compañeros; luego, más adelante, se transformó en lo contrario: intransigente al máximo, irónico a carta cabal y de una honestidad intelectual extrema, llevó al límite la provocación intelectual y despertó todo tipo de contradicciones…
Provocó odio y amores, convocatoria y rechazo, adhesión y distancia: una de cal y una de arena.
Todo ello sin dejar de ser un referente esencial.
Fue, durante mucho tiempo, un referente de la construcción del Movimiento de Participación Popular (MPP). Fue el que promovió la más amplia democracia, en el MLN-T y después entre los que trabajaban por construir la nueva organización.
Propuso una dinámica de construcción decididamente original que, a la larga, fue la que predominó: organización de múltiples agrupaciones de base y, luego de haber avanzado en ello, elección pública, mediante voto directo, secreto y a padrón abierto, de su dirección nacional. E igual sistema para elegir los candidatos electorales.
Ese sistema tuvo y tiene grandes ventajas y, a la vez, dificulta la toma de decisiones y el funcionamiento de la organización. El Ñato criticó los excesos y los inconvenientes que el sistema traía consigo y fue criticado a raíz de sus críticas.
Fue el que escribió Del MLN -T al Congreso del MPP y propuso su aprobación. Cosa que se hizo y se transformó en un documento que sigue siendo un tratado de ética política y respeto por los aliados mucho más allá de las diferencias que se puedan tener.
Mantuvo acuerdos esenciales y diferencias por cuestiones de procedimientos que lo llevaron a alejarse de sus amores y a tener una actitud de dolor y crítica ante ellos.
Cultivó como nadie la ironía y corrió permanentemente el riesgo de que le tomaran al pie de la letra lo que decía, aunque estuviera intentando decir exactamente lo contrario.
No podía con el genio y continuamente repetía sus dichos escandalizadores…
Su muerte trascendió fronteras y de tal manera que, en muchos países, llamó la atención el poco espacio que, salvo excepciones, le prestaron los medios uruguayos.
Su entierro también fue una paradoja: Lo despidieron dos tupamaros y un militar.
En el cementerio del Buceo, hablaron el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, General Guido Manini Ríos y el expresidente José Mujica.

Honestidad intelectual
El ministro del Interior habló en nombre del Poder Ejecutivo y dijo que “para medir la dimensión de hombres y mujeres que actúan en la realidad no alcanza con tener en cuenta lo que hicieron, sino las circunstancias en que lo hicieron. El Ñato vivió circunstancias muy diferentes y muy difíciles, no sólo apremios, sino que tuvo que tomar decisiones cuando van contra lo que uno ha hecho, y necesita una honestidad intelectual muy grande para no equivocarse”.
Luego recordó cuando el líder tupamaro Raúl Sendic, poco después de las elecciones de 1984, desde el Penal de Libertad, le dijo a su hermano que era hora de integrarse a la institucionalidad democrática, sin ases en la manga, como forma de ayudar a construir y fortalecer la democracia: lo que significó toda una definición estratégica y produjo una gran polémica en la organización.
El 14 de marzo, cuando se produjo la libertad de los últimos presos políticos del Penal de Libertad y Punta de Rieles, se hizo una conferencia de prensa en Conventuales. El que habló en ella fue, precisamente, Fernández Huidobro, y lo que dijo se transformó en la expresión de lo que había planteado Sendic algunos meses antes. El Ñato llamó a trabajar para seguir construyendo la democracia primaveral que se empezaba a vivir y transformarla en una democracia madura. Eso fue un compromiso. Luego como escritor, como periodista, como dirigente político, fue absolutamente consecuente con ese compromiso.
“Hay que tener en cuenta nuevamente las circunstancias, porque cuando se restablece la democracia no todos la reciben de la misma manera, había compromisos anteriores y se necesita, repito, una enorme honestidad para analizar lo que conviene, no a uno, sino al país. Ese compromiso fue respetado absolutamente, no solo por lo que dije ahora, sino después como dirigente del Frente Amplio, como senador desde el 2000. Luego a partir del 26 de julio de 2011, fue ministro de Defensa del gobierno anterior y lo seguía siendo en este gobierno.
En cinco años de ministro de Defensa siguió diciendo cosas que no siempre se comprenden… Creo que la dimensión humana del Ñato se va a medir mucho mejor con la perspectiva del tiempo.
El deterioro y la enfermedad produjeron su fallecimiento, y nosotros, en nombre del Poder Ejecutivo, queremos agradecer profundamente los servicios prestados al gobierno, al país, a la gente…
Hasta siempre Ñato”, concluyó Bonomi.

Un quijote
El General Guido Manini Ríos dijo que, hace cuatro años, realmente descubrió “a un ser humano excepcional, a una persona singular, que permanentemente leía expedientes y libros, escritos sobre temas militares relacionados con sus tareas de ministro.
Tomó su función en serio y descuidó permanentemente su salud. Se fue ganando poco a poco el respeto, la consideración de las Fuerzas Armadas.
En los últimos tiempos trabajó con gran fervor en la elaboración de documentos esenciales al funcionamiento de las Fuerzas Armadas como la Política de Defensa y la Política Militar de la Defensa”.
Destacó la coherencia de Fernández Huidobro.
“Su capacidad de análisis singular de la realidad y de la actualidad lo llevaron a entender perfectamente que atrás de quienes atacaban a las Fuerzas Armadas, quienes buscaban debilitarlas, destruirlas, de quienes buscaban suplantarlas por una Guardia Nacional, que detrás de ellos estaban los centros de poder mundiales a los que él combatió durante toda su vida. He ahí su coherencia.
Y eso le despertó críticas y enemigos, y eso le hizo profunda mella en su alma. Era un hombre valiente, un quijote, un gladiador, y siguió la lucha convencido de que estaba en lo cierto hasta el último de sus días”, subrayó Manini Ríos.

“Vivo y presente”
José Mujica puso la nota más emotiva de la despedida, pues él mismo estaba emocionado hasta las lágrimas.
“Yo quisiera tener el humor que tenía el Ñato, dentro del drama, para soportar los enviones y ejercer resistencia.
Simplemente diré en nombre de los viejos compañeros, que pertenecen a un tiempo que se va, que soñamos con un mundo en el que lo mío y lo tuyo no nos separara, y pusimos nuestra juventud, y seguramente nos equivocamos mucho, y hemos estado prisioneros de pasiones, de sueños de un mundo mejor, posible para los seres humanos, esperanzas, que pagamos con desalientos y con derrotas, siempre con una cuota de esperanza y humor para volvernos a levantar.
Hemos estado prisioneros de cuanta cosa puede existir, menos del odio, porque aprendimos en base a soledad y a distancia de la ley de los años, que la lucha por la liberación es por los oprimidos, pero también por los opresores, en un mundo mucho mejor que el que nos ha tocado vivir.
Y por eso aprendimos con Mandela, precisamente, a soledad de rejas, en silencio, una gran verdad que le cuesta mucho entender a viejos queridos y antiguos compañeros, que no hay lugar para odiar, en quienes queremos cambiar al hombre, hay solo para cocinarse y para querer.
Quisiera creer en Dios, en el más allá, para tal vez jugar un truco y organizar mejor el infierno y el cielo, que algunos defectos deben tener, seguramente. Pero no puedo creer. Sé perfectamente que vas a vivir allá donde haya una causa que redimir, donde haya gente aplastada, olvidada, donde haya un sueño por el que vale la pena comprometer la vida para luchar. Vas a estar vivo y presente querido compañero, frente a todas las injusticias.
Hasta siempre, hasta siempre compañero”, terminó visiblemente emocionado.

Publicado en elcambio.uy.

 

 

 

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